DE MASCOTA A PERRO DE RESCATE

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De Mascota a Perro de Rescate

Mis inquietudes por el rescate canino comenzaron poco después de que Naia, mi fiel compañera canina, irrumpiera en casa. Apenas era una bola de pelo cuando en una ocasión, tras sufrir una caída mientras arreglaba el jardín de casa, la pequeña labradora que entonces se encontraba en el interior, se las ingenió para salir a mi encuentro atravesando el minúsculo espacio de una de las puertas de rejas. Eran tantas sus ansias de acudir en mi ayuda que, cuando llegó a mi altura, comenzó a ladrar como si estuviera pidiendo auxilio. Ello me llamó enormemente la atención más que nada porque, hasta entonces, nunca lo había hecho…

Con apenas dos meses, empecé a compartir con ella una de mis aficiones favoritas; viajar y dar largas caminatas subiendo cerros y montes de mayor envergadura. Observé que Naia no sólo deambulaba tras de mí sino que, además de ello, se dedicaba a explorar todo cuanto le rodeaba, caminando y subiendo allí donde su curiosidad instintiva le llevaba. Por muy complicado que fuese parecía que no había dificultad para ella. Cada día que pasaba, tenía la sensación de que Naia me pedía algo más complicado, obstáculos mayores que poder salvar por ella misma… Así pues, comencé a investigar por internet sobre las cualidades que debía poseer un perro de rescate y cómo explotar estas para facilitar la tarea formativa en un futuro.

Fue así como conocí de la existencia de Vancolemont, un club de adiestramiento canino en una población cercana a la mía. Aunque su especialidad era el Mondioring (disciplina deportiva para perros de ataque y defensa competitiva), me ofrecieron la oportunidad de aprender con ellos.

Cada día aprendía cosas nuevas y siempre, por muy cansada que me encontrara, tenía ganas de emplear mi tiempo libre en trabajar con Naia. En parte también era porque Esteban, el maestro que me estaba guiando en este nuevo mundo canino, me enseñaba a observar y descifrar el comportamiento de Naia, haciéndolo todo mucho más sencillo y fácil. Sin darme cuenta, se estaba convirtiendo en un pilar fundamental en mi vida…

Comencé a tener contacto con otros profesionales del adiestramiento canino enfocado al rescate, ávida de nuevos conocimientos que potenciaran las posibilidades de Naia en el trabajo de búsqueda y rescate canino. Cada vez se hacía más grande mi impaciencia por el perfeccionamiento de todo cuanto estaba aprendiendo y así me animé a realizar cursos específicos tales como:

· Realización del I Curso de Rescate con la Unión Federal de Policía y Asociación Canina de la Comunidad Autónoma de Murcia en octubre de 2008.

· Participación en las Jornadas de Rescate de La Unidad Canina PC Vic, en Mayo 2009.

· Realización y obtención de la Certificación como Guía Oficial de Rescate Canino en Catástrofes, Método Arcón del XXVII Curso Internacional de Formación, de Rescate Canino en Catástrofes, Método Arcón, Nivel I y II.

· Participación en las IV Jornadas Nacionales de Búsqueda y Rescate en Terremotos, organizada por el Grupo GEA, en enero de 2010.

Advertí que según aumentaban mis conocimientos, se estrechaba la realidad de lo que estaba viviendo… y, tras ello, encontré El Método Arcón, un sistema altamente eficaz para la formación e intervención de Equipos Caninos de búsqueda (ya sea de personas sepultadas en estructuras colapsadas, narcóticos, explosivos, especies protegidas y en definitiva cualquier sustancia que emita olor…). Un estudio científico basado en doce años de arduo estudio e investigación científica sobre el aprendizaje y la conducta del perro de búsqueda.

Me puse en contacto con su creador, Jaime Parejo García, un bombero sevillano de admirable condición humana. Al escucharlo, pude sentir su altísimo grado de concienciación sobre la importancia de una metodología realmente efectiva en el rescate de personas sepultadas y así pude comprender, en esa primera conversación telefónica, que existe un gran abismo entre los ejemplares caninos que juegan a buscar personas escondidas y aquellos que realmente poseen una sólida fijación en la conducta de búsqueda trabajando de forma totalmente autónoma, sin la expectativa del guía manteniendo los niveles de motivación y concentración por encima incluso del agotamiento físico.

Fui seleccionada para participar en el XXVII Curso Internacional de Formación, de Rescate Canino en Catástrofes, Método Arcón, Nivel I y II.

Se celebró en la ciudad capital de Quito (República de Ecuador), del 14 de septiembre al 16 de octubre del 2009.

Fue aquí, realmente, donde tomé conciencia de la gran importancia que tiene el desarrollo de la búsqueda de personas sepultadas, del crucial apremio, de los minutos y segundos que pueden definir la estrechísima línea entre la vida y la muerte de las posibles víctimas…

El Grupo de Intervención y Rescate (GIR), perteneciente a la Policía Nacional ecuatoriana, fue el Cuartel General donde se llevó a cabo tan importante curso. No en vano, esta misma Unidad es actualmente junto a la localizada en Guayaquil, la Sede Internacional de Formación y Homologación Método Arcón de Equipos Caninos todo ello, en base a parámetros de idoneidad y optimización logística, técnica, profesional y operativa.

Guardo un especial recuerdo de su estancia en el GIR, durante la cual, compartió clases y momentos muy especiales con miembros de esta misma Unidad así como otras Instituciones tales como la Brigada de Fuerzas Especiales Núm. 9 "Patria" del Ejército de Ecuador, el Comando de Inteligencia Militar del Ejército de Ecuador, la Unidad Antisecuestros y Extorsión de la Policía Nacional (UNASE), del Ecuador el Grupo de Operaciones Especiales de la Policía Nacional del Ecuador, el Cuerpo de Bomberos de Cotacachi e Ibarra (Ecuador), el Cuerpo de Policía de Caracas (Venezuela), el Cuerpo de Bomberos del Ayuntamiento de Huelva (España), el Consorcio de Bomberos de la Diputación de Málaga (España), SOS Ayuda Sin Fronteras (España), GEBOCYL Grupo Especialista de Bomberos de la Junta de Castilla y León (España), el Cuerpo Oficial de Bomberos de Bogotá y Pereira (Colombia), la Policía Nacional de Colombia , Defensa Civil de Perú , Cuerpo Nacional de Bomberos de El Salvador

Fueron días agotadoramente intensos en los que el cansancio se acusaba aún más, por la falta de habituación a los 2850 metros de altura a la que se encuentra la ciudad de Quito. Fueron profundas jornadas de estudio, de meticulosa y apasionante preparación pero, sobre todo, para ambas, fue el descubrimiento de un Método real y altamente eficaz para la formación e intervención de Equipos Caninos de Búsqueda (personas sepultadas, narcóticos, explosivos y/o cualquier sustancia que emita olor).

Ya, desde el primer momento, pude constatar la realidad del Método Arcón. La aplicación de sus Técnicas y su incidencia sobre parámetros importantísimos en la conducta de trabajo del ejemplar canino como son la AUTONOMÍA, MOTIVACIÓN y CONCENTRACIÓN es realmente, un avance que supera incluso a la tecnología más desarrollada hoy existente, en la búsqueda y el salvamento de personas vivas sepultadas.

Ahora, hoy, sí puedo hablar con el fundamento que da la experiencia y puedo asegurar que los ejemplares instruidos con la metodología Arcón, aprenden a ser totalmente autónomos durante el trabajo de búsqueda, elaboran sus propias estrategias de búsqueda movidos por una motivación difícil de describir y es tal su concentración que ya, desde el primer momento, se puede escuchar cómo los ejemplares emplean sus dispositivos olfativos en busca del foco del olor de la persona sepultada…

Volví a casa con la clara conciencia de que no había hecho más que empezar y, gracias a mis nuevos compañeros, pude ponerme en contacto con dos bomberos de la ciudad de Alicante.

Juan Luis Ruiz, bombero del Consorcio Provincial de Bomberos de Alicante y Narciso Ayuso Bolaños, bombero del Ayuntamiento de Alicante. Desde entonces, entrenamos cada semana a nuestros ejemplares, manteniéndolos operativos, siempre preparados para salir en cualquier momento a intervenir.

Eran aproximadamente las 22h del domingo 28 de febrero, cuando Juan Luis me telefoneó para comunicármelo. A las 3:34 minutos de la madrugada del sábado, un terremoto de 8.8 grados en la escala de Richter sacudió a Chile, uno de los más potentes e intensos de los últimos 200 años.

Las noticias eran confusas todavía pero aún así, pude notar su nerviosismo y ganas de intervenir en aquellas devastadas tierras. Hice lo propio tras hablar con él. Llamé a Jaime Parejo García y le pregunté acerca del seísmo y si conocía si eran necesarios la intervención de equipos caninos de rescate. Nos pusimos a su disposición y, poco después, todo se desató… Preparación del equipo necesario, horas en blanco de interminable espera… Apenas había dormitado cuando amaneció un nuevo día. Pocas horas de sueño pero totalmente dispuesta a salir en cuanto se me solicitara.

La mañana del 1 de marzo Naia me observaba como si supiese lo que estaba ocurriendo. Se mostraba segura y tranquila lo cual me extrañó conociéndola y, al ver como retiraba el material de primera intervención, su activación fue casi mecánica. Subió al coche sin titubear, impaciente casi tanto como yo de poder intervenir en un caso real…

Sin embargo, aún deberían pasar unas horas hasta que ello se pudiese llevar a cabo.

Tan pronto le comenté al Jefe de mi Unidad la posibilidad de salir, se mostró totalmente concienciado de la necesidad. Me impresionó que todos mis compañeros y mandos se sintieran cómplices de lo que quería llevar a cabo y, cuando, a la mañana siguiente, Naia y yo nos embarcamos en el avión que había fletado la Agencia Española de Cooperación Internacional y Desarrollo (AECID), pensé la suerte que tenía de contar con el apoyo de todos y cada uno de ellos… No sabía exactamente lo que nos encontraríamos en cuando llegásemos a nuestro destino pero, indiscutiblemente, llevaba conmigo mucho más orgullo.

Tras quince horas de vuelo, tomamos tierra en el Aeropuerto de Santiago de Chile donde nos esperaban el Embajador de España en Chile, D. Juan Manuel Cabrera, la Coordinadora General de la Oficina Técnica de Cooperación de la AECID en el país, Dª. Cristina Aldana, junto a otras autoridades del país.

Las informaciones seguían siendo contradictorias pero el operativo ya estaba dispuesto y, tras verificar los pasaportes, embarcamos nuestro equipaje en un par de autobuses que AECID tenían preparados. Todavía nos restaría diez horas hasta que llegásemos al que sería nuestro primer asentamiento, el Estadio Español de Las Condes, ubicado en la comuna de Las Condes (Concepción), una institución social, cultural y deportiva de la comunidad española en Chile.

El paisaje a través de las ventanas del autobús no parecía tan dantesco como suponía pero tomé conciencia de la fuerza que debía haber tenido el seísmo para que, a trescientos kilómetros de distancia del epicentro, produjera tales grietas en el asfalto o las roturas de carreteras colgantes…

Tras desplegar en el Estadio Español, la representante y coordinadora de AECID, María Eugenia Martín nos informó que nos encontrábamos en Estado de Excepción por lo que nos distribuyeron a cada uno de nosotros, un salvoconducto con el que podríamos movernos y trabajar sin problema alguno. Una vez montado el campamento, pude observar quienes integrábamos el contingente…

ü Un hospital de campaña formado por personal de DYA Navarra y del SAMUR del Ayuntamiento de Madrid con personal especializado en traumatología, pediatría y acción inmediata.

ü Dos Equipos de Evaluación de estructuras.

ü Cinco Equipos Caninos de búsqueda y rescate de personas sepultadas en estructuras colapsadas tales como la Unidad Canina de la Junta de Castilla y León, Bomberos de las Unidades Caninas de Sevilla y Huelva, Comunidad de Madrid así como la Unidad Canina de Salvamento de Murcia.

ü Personal logístico de ONG SAR.

Naia y yo formábamos parte del Equipo procedente de Sevilla, Huelva y Alicante, en realidad un equipo mixto, seleccionado, de personas que tienen en común no sólo la metodología Arcón sino además, una inusitada vocación humanitaria y un sistema de trabajo basado en un meticuloso estudio y concienciación de la importancia del rescate canino.

Esa misma noche, mientras dormíamos en el gimnasio del Estadio Español, una réplica me despertó sacándome del saco. Mis compañeros de grupo hicieron lo propio. Salimos al exterior con nuestros sacos, en medio de la oscuridad y el silencio alborotado y, cuando me vieron que me tumbaba en el césped, bajo el único abrigo del cielo estrellado, se unieron a mí sin dudarlo. Aquello me hizo recordar el espíritu del compañerismo. Un pequeño grupo de personas que apenas se conocían ya se movía como un verdadero equipo…

Los días siguientes comenzamos a desplegar en el área de Concepción, concretamente en la localidad de Penco donde, en colaboración con las autoridades locales del Ministerio de Salud chileno, trabajamos con los bomberos de Lirquen.

Fueron numerosas réplicas y terremotos que pude sentir a lo largo de las interminables jornadas. El hecho de ver la tierra resquebrajarse y como se mueve todo a tu alrededor no impidieron que me mostrara voluntaria para participar en todas aquellas tareas que la población requiriese.

Tuve la suerte de poder colaborar con el hospital de Campaña que instaló el Samur ayudando a los sanitarios en la atención de unas setecientas personas así como en el reparto de alimentos y agua. Me conmovió la gran fortaleza de los chilenos que, aunque lo habían perdido todo, se reconfortaban con un simple abrazo, una mano tendida, unas palabras amigas…

El Equipo Canino del cual formaba parte, nos desplazamos a Dichato, una localidad situada en una pequeña bahía que había sido devastada por el Tsunami. A pesar de los avisos y riesgos que había de nuevos tsunamis, nuestro grupo no dudó en viajar a la zona con el propósito de buscar personas desaparecidas y/o fallecidas…

Toda esta experiencia, a pesar de su dureza, ha sido muy positiva para mí. Me anima a continuar en el trabajo diario con Naia entendiendo la gran importancia que tiene esto para el efectivo rescate de personas sepultadas en zonas colapsadas pero, a la vez, me ha demostrado que cuando se produce un desastre así, existe también una formidable calidad humana… Entre ellas, las de las personas que portan la Boina Verde…

Sin su colaboración, nada de esto hubiese podido ser posible y, sinceramente, la recompensa de poder trabajar en zonas devastadas como estas, uno de mis mayores logros, se hace extensible a todos ellos…

Mónica Rocamora Boschet.